¡Hola chicos y chicas!
Ayer los seminarios llegaron a su fin y personalmente creo que el cierre estuvo muy acertado, aunque me supo a poco, ¡me quedé con ganas de más!
Tuvimos el placer de conocer al psicólogo y coach Juan Fernando Bou, quien nos introdujo en el útil mundo del coaching.
Aprendí que el coaching no consiste en enseñar, sino que es una herramienta que nos permite crear unas condiciones necesarias para aprender y crecer, y lo mejor de todo es que, además de ayudarnos en el campo educativo, ¡¡nos sirve personalmente!!
Como estamos viendo a lo largo del máster, la práctica docente cada vez nos exige más, no es suficiente con enseñar lo que marca el currículo, no basta con transmitir información, sino que es imprescindible saber llegar a los alumnos y alumnas, conseguir atraer su atención con lo que les presentas en clase, engancharlos a tu materia, y que ellos, como nos sugieren las asignaturas de SFE y ADA, sean capaces de aprender por sí mismos. El docente tiene que reinventarse para conseguir estos objetivos y el coaching, la asertividad, la resiliencia, por numerar algunos términos nuevos en mi cabeza, tienen que ser nuestros aliados.
Hace algunos años hice un curso de coaching y programación neurolinguística. Así que con lo poco que sabía y con las nuevas reseñas, creo que el coaching educativo nos puede aportar conciencia para sacar lo mejor de tus alumnos; responsabilidad personal, capacidad de decisión y de resolución ante problemas; feedback y control de seguimiento y además una serie de cualidades que, como he dicho, nos pueden servir personal y educativa: paciencia, imparcialidad, interés, pasión, atención, memoria, escucha activa, consciencia personal...
Me han sugerido este libro sobre coaching: El método para mejorar el rendimiento de las personas, de John Whitmore. Pero sobre este tema hay cada vez más información, así que el "mercado" es amplio.
Me quedo con tres palabras que ayer se unieron en mi concepto educativo: pasión (por la docencia, por el deseo de querer enseñar y que aprendan, por la intensidad que le pones a lo que haces), visión (saber qué objetivo futuro quieres conseguir) y misión (qué vas a conseguir y para qué, la motivación y propósito por lo que haces lo que haces).
Me despido como lo hicimos en clase ayer: con un abrazo pensando en la persona a la que quieres agradecer algo y normalmente no lo haces.
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